viernes, 19 de agosto de 2011

Independent Day: TransFlores Highway (Primera etapa)

La transflores es una carretera que atraviesa la isla de Labuan Bajo a Maumere, nuestros puntos de salida y llegada respectivamente.
Nuestra primera etapa cubre el recorrido de Labuan Bajo a Bajawa. Salimos a las 7:30 am junto a Mikael el y el nuevo driver, Donato. Nos esperan 270km de carretera sinuosa con múltiples subidas y bajadas.
El transcurrir de los kilómetros pasa entretenidos admirando el frondoso paisaje, el ir y venir de las gentes en su quehacer cotidiano.
Hacemos nuestra primera parada para ver el proyecto de un joven profesor, Agus, que junto a sus alumnos reproducen las diferentes construcciones típicas de la isla. Durante una agradable hora de charla nos cuenta sus proyectos, entre ellos el que le llevará a estar dos años en Camboya formando a profesores.
Al cruzar un puente la escena nos hace parar al ver las mujeres lavando la ropa en el río junto a los niños jugando en el agua.
La siguiente parada es para deleitarnos con los famosos campos de arroz en forma de tela de araña. No nos defraudan. Mejor ver las imágenes.
Por último la vista de un lago, Danau Raname, un lago circular de color aguamarina. Y seguimos carretera adelante disfrutando de las maravillosas vistas.
Doce horas después de la salida llegamos a nuestro destino y hace frío, sí hace frío.

Documentales de La 2: el rey de Komodo y la vida submarina alrededor

Charan taran tan tan charan taran tan tan (sintonía).
Queridos amigos del hombre y la tierra. Nos encontramos en el Parque Nacional de Komodo para estudiar la vida y costumbres de unos animales característicos de este ecosistema: los turistas en busca de dragones.
Veámoslos en su hábitat natural al amanecer.
Las 6 de la mañana tras una noche compartida con cucarachas en el agradable camarote del barquito. Pero a quien madruga, dios... Así que realizamos el recorrido con el ranger del parque internándonos en el bosque a la búsqueda del dragón. Localizamos diferentes ejemplares de otros animales, ciervos, cerdos negros, gallinas que parecen perdices, águilas, cacatúas y encontramos deposiciones varias de los reyes de la isla (en mitad del sendero, por cierto). Tenemos suerte y a lo largo del recorrido nos topamos en dos ocasiones con sendos dragones: como son animales de sangre fría, han de salir a tomar el sol y la mañana es buen momento. “Thank you” les dice el ranger cuando nos despedimos, pues han sido buenos modelos para nosotros. Al final del trayecto, llevados por el olor de las cocinas del parque, tenemos otros ejemplares para nuestro book, todos relajaditos. Hemos tenido suerte, porque podríamos no haber visto a ninguno de estos solitarios y caprichosos saurios, que se alimentan una vez al mes porque se zampan a un ciervo o a un búfalo de agua en 20 minutos.
Antes del segundo trekking por la isla de Rinca, paramos un par de horas en un islote y disfrutamos de unas vistas impresionantes, esta vez del fondo marino, porque estamos un buen rato haciendo snorkel: peces y corales de múltiples colores, tamaños y formas en aguas cristalinas. Estupenda experiencia.
Y tras una rica y vitamínica comida en el barco vamos hacia Rinca, donde, bajo un sol de justicia, emprendemos nueva ruta. Pero esta vez los dragones se nos resisten y sólo vemos varios búfalos de agua, futuros festines de los dragones (esta es la ley de la selva, queridos amigos). Jejeje. Al acabar la ruta, ya sin el ranger, nuestro guía Mikael, acostumbrado a estas tierras, divisa, camuflado entre los árboles cercanos un dragón que ha venido a despedirnos. Por si acaso quiere algo más, no nos acercamos, que ya tenemos bastantes recuerdos.
El Mar de Flores nos regala otro espectacular atardecer y llegamos, ya de noche, a Labuan Bajo. Durante la cena en este hotel, situado en las terrazas de una colina que da al puerto, la música de fondo son las oraciones de la mezquita cercana dirigida a los musulmanes pescadores y el día finaliza. Este estupendo y cuco hotelito promete un buen descanso.

martes, 16 de agosto de 2011

El ataque de los monos y cómo seguir la odisea con "monomán"


A partir de hoy habrá un antes y un después en nuestro viaje, queridos seguidores.
A partir de hoy Ana tendrá un duro reto que superar y Juanjo, convertido en monomán, tendrá que soportar difíciles momentos y aprender a controlar nuevos instintos básicos hasta ahora desconocidos para nuestra especie. Aunque también hay que decir que a él, probablemente, no le sean del todo extraños.
Y me explico.
Hoy habíamos decidido pasar parte de la mañana en el Monkey Forest, lugar cercano al hotel Casa Ganesha, donde nos alojaremos esta noche y los últimos 6 días del viaje.
El paseo estaba siendo muy ameno. Los macacos, acostumbrados sobradamente a los humanos, campeaban a su bola por su territorio y nosotros, animadamente, venga que te venga a hacer fotos, de cerca, de lejos, mientras ellos comían, jugueteaban, descansaban o se despiojaban con gran fruición.
¡Qué gran empeño ponían en esta tarea! Era como si hubieran hecho la promesa de no dejar vivo ningún bichito alienígena u objeto no identificado entre los pelos del pariente o la parienta. En fin, era para quedarse horas observándolos, que ellos no se cansaban.
El paseo llegaba a su fin cuando JJ decidió que no tenia aún bastantes fotos y, aprovechando que un par de divertidos macacos jugueteaban entre unas pequeñas lápidas de un abandonado cementerio, se agachó con el firme propósito de hacer "la toma perfecta".
En estas andaba él y yo mientras a lo mío, cuando escucho un “¿Qué haces, Ana?” Y yo, que estaba a un par de metros, me vuelvo y no veo a Juanjo, sino que me encuentro con una manta de pelos grises cubriendo toda su espalda, TODA.
¿Qué hacer en estos momentos de indefensión? Mi reacción inmediata fue gritar a la bestia que iba comerse a mi chico y así lo hice, pero se me olvidó que los carteles del parque advertían de que no era la mejor forma de dirigirse a estos animalitos y se volvió hacia mí con ojos de tigre y dientes de vampiro, y lo único que se me ocurrió hacer, al igual que hacían otros cercanos turistas, fue hacer “la foto perfecta”.
¿Dónde andaba el guarda que hacía menos de un minuto había merodeado por allí? ¿Por qué el macaco se había empeñado en despiojar a mi novio, en quitarle las gafas y en quedarse pegado cual lapa inmunda a su espalda como si de su pariente o parienta más cercano/a se tratara?
Lo que Juanjo sintió durante estos largos, larguísimos, 2 minutos sólo él lo puede explicar. Utilizad la opción de comentarios, que él estará dispuesto a responder. Monomán sigue afectado desde entonces... Ha tenido una noche intranquila...
 Lo dicho, un antes y un después.



Primer día en Ubud





Después de una reparadora noche, decidimos tomarnos el día con tranquilidad: un buen desayuno al estilo occidental y luego disfrutar de la piscina del hotel.
A mediodía cambiamos de hotel, un rápido check-in y nos ponemos otra vez en marcha con la visita de la calle principal de Ubud, llena de ajetreo y turistas. En comparación con Yogya esto parece Benidorm.
Paseamos por el mercado: lo más cercano a la calle está lleno de todo tipo de recuerdos para los turistas y cuando más te metes dentro, empiezas a encontrar la fruta, los tejidos cotidianos.
Visitamos el palacio real y vemos cómo construyen la pila funeraria para la madre del rey, que murió hace dos lunas llenas y la incinerarán, en una multitudinaria y millonaria ceremonia, el próximo 18 (nos lo perderemos).
Más tarde hacemos un agradable paseo entre arrozales y es ahí donde empezamos a disfrutar de Ubud, lejos de las ordas de turistas. Las terrazas cultivadas, en diferentes etapas de crecimiento, se entremezclan con acequias, palmeras y plantas de colorido diverso. Los agricultores faenan y la gente pasea tranquilamente. Nos sientan fenomenal las dos horas de paseo.
La nota desagradable fue al final del día, cuando fuimos a cenar a Casa Luna (restaurante recomendado en la Lonely Planet). Aunque la comida resultó ser exquisita, el servicio fue penoso: nos tuvieron esperando más de 40 minutos, y eso después de protestar un par de veces. A cambio nos obsequiaron con una Bintang.

domingo, 14 de agosto de 2011

Vamos pá Bali o cómo perder la noción del tiempo




De vuelta al minibús sudados y cansados por el la marcha en el Ijen, emprendemos ruta dirección al puerto de Ketapang, donde esperamos al bus que nos llevará a Dempasar, capital de Bali.
Por fin llega nuestro bus, es un bus local. Parece que hayamos retrocedido en el tiempo: asientos de escai, todo lleno de gente, algunos fumando, vendedores de comida y unas sospechosas bolsitas negras colgando de los asideros del bus.
Llegamos al puerto y con el mismo bus embarcamos en el ferry que cruza de Java a Bali. Una tranquila travesía desde la cubierta del ferry viendo el discurrir del tráfico marítimo entre las dos islas.
Llegamos a puerto, nos montamos otra vez en el increíble vehículo y seguimos durante 4 horas marcha a Dempasar, entre toses, humos, calores, olores y potadas en esas bolsitas negras.
Negociamos un taxi a Ubud y en poco más de 30 minutos estamos en el hotel, con ganas de pasar lo que queda de tarde relajados y tranquilos, después de los dos duros días pasados.
Pero parece ser que no va a ser posible: la reserva que habíamos hecho días antes desde Yogya no aparecía y, después de mirar y remirar, nos indican muy amablemente que nos hemos equivocado de día, que la reserva está confirmada, sí, pero para el día siguiente, día 13 y no para el 12 de agosto, jorrrrrrr.
¿Qué nos pasó en Yogya cuando hicimos la reserva? ¿Cómo no nos dimos cuenta de que en lugar de una noche teníamos que reservar dos, la del 12 y la del 13 de agosto?
Al igual que le pasa a Willy Fog en su vuelta al mundo, cuando sin saberlo se adelanta un día en el viaje, nosotros también hemos llegado un día antes, pero en nuestro caso lo peor es que el hotel está completo, así que nos ponemos como locos a intentar localizar dónde encontrar el descanso tan deseado en temporada alta en Ubud y para ello Internet nos resuelve el problema. Localizamos una oferta de la única habitación disponible en un hotel algo más alejado del centro, pero como no tenemos intenciones de salir esa tarde nos parece bien y allá que vamos.
Realmente habíamos desconectado del calendario y no teníamos nada claro en qué día estábamos. ¿Vosotros lo tenéis claro a estas alturas de nuestro blog? Pues eso.

sábado, 13 de agosto de 2011

Sobreviviendo entre al sulfuroso Ijen

De nuevo hoy teníamos que estar a las 4 am dispuestos, desayunados, con las maletas preparadas y descansados, que la caminata sería más dura que la de ayer. Por eso teníamos que intentar dormir un poco más.
La pésima infraestructura de la zona no nos lo ponía fácil, porque el hotelito al que nos llevaron se aproximaba más a un establecimiento del siglo pasado por el que nadie había decido pasar un trapo con detergente y en el que no se habían realizado reformas desde entonces... En fin, había que dormir y después de una frugal cena nos fuimos a la cama (por primera vez en el viaje tuvimos que hacer uso del saco sábana). Y pasamos frío, y hubo ruido de gente, de las oraciones de la noche y de la fuente del patio central; pero pudimos dormir y recuperar fuerzas.
Menos mal, porque los 3 km de subida continuada al cráter del Ijen nos costaron lo suyo. Eso sí, pedazo de paisaje el que atravesamos y pedazo de visión la que obtuvimos al llegar. Visión, sí, porque entre el humo, el olor sulfuroso y los mineros que descendían al cráter para volver cargados con 80 kg de azufre a las espaldas, los últimos metros se convirtieron en algo difícil de explicar.
Al principio pensamos que este volcán no iba a querer mostrarnos su cráter, pero poco a poco la espesa nube que cubría todo fue desapareciendo y apareció en su interior un bello lago de color turquesa que contrastaba con el blanco amarillento de las paredes descubiertas del cráter.
De nuevo los esfuerzos y el madrugón habían merecido realmente la pena.

Foticos en bromo dia 11